Por: Edward Pérez
Del Asfalto al Ajedrez Político
La política dominicana se ha debatido históricamente entre dos formas de entender la disidencia: una visceral y movilizadora, heredada del viejo partido blanco, y otra técnica y silenciosa, propia de los partidos de formación morada. Estas estrategias no solo responden a ideologías, sino a los orígenes sociológicos de sus líderes.
1. La Escuela de la Protesta: El PRM y el Legado del PRD
La oposición que tradicionalmente ha ejercido el PRM (siguiendo la línea del PRD histórico) se fundamenta en la presión social directa. Es una oposición «de calle», ruidosa y de masas. Sus herramientas principales han sido:
La movilización popular: Paros nacionales, marchas y huelgas.
El discurso de confrontación: Una retórica frontal contra el gobierno de turno.
La legitimidad en la crisis: Históricamente, este sector ha florecido denunciando la corrupción y el alto costo de la vida desde las aceras, utilizando el descontento social como combustible electoral.
Es una forma de hacer política, pero que en la historia dominicana ha sido el motor de grandes cambios democráticos, aunque a menudo a un alto costo de gobernabilidad.
2. La Escuela de la Estrategia: PLD y Fuerza del Pueblo
En la acera de enfrente encontramos al PLD y a la Fuerza del Pueblo. Aunque hoy caminan por senderos separados por los intereses personales, el ego y el resentimiento de sus cúpulas, ambos comparten un mismo ADN:
la formación de cuadros.
A diferencia de la protesta callejera, su oposición es más quirúrgica y técnica:
Desestabilización narrativa: Son expertos en el manejo de la opinión pública y la comunicación estratégica.
El control del aparato estatal: Al haber durado décadas en el poder, conservan tentáculos en la justicia, la economía y los organismos de inteligencia. Su enfoque suele ser el sabotaje de la percepción de estabilidad. Saben que el «partido blanco» suele tener dificultades históricas para manejar crisis económicas, y aprovechan esa debilidad para «apretar las tuercas» desde las sombras.
El Choque de Dos Mundos
Mientras el PRM apuesta por el estruendo, el PLD y la Fuerza del Pueblo apuestan por el desgaste. La primera busca derribar la puerta; la segunda, busca cambiar la cerradura sin que el dueño de casa se dé cuenta.
Esta dualidad plantea una pregunta fundamental para el futuro democrático: ¿Cuál de estas formas de oposición es más efectiva en una era donde la imagen digital y la estabilidad económica pesan más que una pancarta en la Avenida Máximo Gómez?
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