El domingo, en medios se comentaba en una de sus columnas de opinión que mientras prácticamente el mundo entero se prepara para ahorrar combustibles por la situación en el comercio energético por la incertidumbre que genera la guerra en Medio Oriente, República Dominicana andaba desentendida sin adoptar medidas de gran calado, y desde el Gobierno inclusive se regocijaron porque en Semana Santa se rompió un récord histórico del tránsito: más de 891,000 vehículos.
Quizá en vez de alegría por la movilidad vial, se debió mostrar preocupación, pero atestigua el notable despiste ante la magnitud de los peligros que acechan.
El mismo domingo hubo una reacción del presidente Abinader que abrió las puertas a un posible acuerdo nacional, previa consulta para un consenso.
Aunque esa propuesta resulte altamente positiva, todavía vemos al Gobierno andar un paso atrás de los acontecimientos y con retraso en cuanto a medidas específicas.
El momento, creemos, ya no es para consultar, porque sería gestionar consenso con la ventana de acción a punto de cerrarse.
El choque ya está en curso; posponer decisiones puede costarnos muy caro. La coyuntura exige algo más que deliberación: exige conducción. Es, en términos concretos, tiempo de gobernar y decidir.
No es una crítica ni significa descalificar el gesto presidencial, porque en verdad se han adoptado algunas medidas, pero lo que se puede percibir es un giro discursivo hacia la concertación cuando tenemos el choque ya encima.
El Estado no puede responder como si aún se encontrara en fase de diagnóstico. En escenarios de alta urgencia como el actual, el desfase entre lo que ocurre y cómo se responde no es menor: se traduce en costos acumulados que luego resultan más difíciles de corregir.
Gobernar implica anticipar, priorizar y ejecutar con claridad, incluso en medio de la incertidumbre. Porque en este contexto, no decidir a tiempo también es una forma de decidir y, casi siempre, la más costosa.
Persistir en una lógica de consulta en medio de un impacto ya en desarrollo puede resultar muy grave para la población, para la economía y el país, es decir, para todos.














