El papa Francisco acuñó para la invasión de Ucrania la expresión de “guerra insensata”, lo que podría explicarse por las decisiones irracionales en torno a ese conflicto; una potencia nuclear que toma territorio de un vecino más débil y el temerario involucramiento de muchos otros países.
Pero respecto a la agresión de Estados Unidos e Israel en contra de Irán no hay una justificación coherente, ni siquiera por las causas que la propiciaron.
Resulta complicado auscultar qué objetivos políticos y militares se persiguen, y por las variopintas versiones que se ofrecen obviamos suscribir alguna, pero al ver sus primeros resultados con un mundo puesto patas arribas, un elevadísimo costo en vidas humanas y deterioro económico, la definición más ajustada a la realidad que se nos ocurre es incomprensible.
Muertes y destrucción y una delicada región en llamas sin explicación lógica, porque han sido afectados de manera gratuita países que no fueron avisados ni convocados y que sufren directamente.
Insostenible también resulta iniciar una guerra sin medir consecuencias para luego pretender que otros países, que estaban ajenos, se involucren solo porque son aliados.
Tan incomprensible como las razones que motivaron esta guerra, es que se hable del uso armas nucleares para llegar a un final, cuando en palabras de los países patrocinadores se dijo que era “pan comido”.
Falta a toda lógica también, lo que ratifica lo incomprensible, que frecuentemente se cante victoria y se anuncie un final, para inmediatamente decir que no hay certeza y se tomen medidas para amortiguar el impacto catastrófico en los precios de los combustibles, de los alimentos y en los mercados financieros.
Quizá ocurre lo que hemos proclamado anteriormente sobre la carencia de líderes mundiales de verdad, mientras pulula el irresponsable que se salta el derecho internacional y no respeta las más elementales normas, como si desatar una guerra fuera una decisión que se toma en un despacho confortable ante un tablero de Nintendo, mientras el mundo arde, el hambre y las muertes se multiplican y, tarde o temprano, las nefastas consecuencias terminarán por alcanzar a los mismos que de manera insensata empezaron este conflicto que no da señales de terminar.














