La ENHOGAR-MICS 2025 muestra que el 33.1 % de las mujeres dominicanas de entre 18 y 49 años se unió por primera vez antes de cumplir los 18 años, mientras que el 12.2% de las mujeres de 15 a 24 años tuvo relaciones sexuales antes de esa edad. Sin embargo, el porcentaje asciende a 23.7% entre las jóvenes del quintil más pobre y llega a 30.8% entre quienes solo alcanzaron el nivel primario o básico.
Asimismo, indica que, entre las mujeres de 20 a 24 años, el porcentaje que se unió antes de los 18 años es de 27.6 %, mientras que el 9.5 % inició una unión antes de los 15 años.
El informe presenta los porcentajes por grupos de edad, la mayor incidencia de uniones antes de los 18 años se registra entre las mujeres de 40 a 44 años, con un 38.3 %, mientras que el porcentaje más alto de uniones
Pero los datos obligan a mirar más allá de la estadística y de los juicios rápidos. La encuesta no permite establecer qué ocurrió en cada caso, ni si existieron coerción, violencia, diferencias de edad con la pareja, presión familiar o relaciones consentidas. Tampoco permite atribuir una causa única a un fenómeno que suele estar atravesado por pobreza, abandono escolar, falta de información, barreras para acceder a servicios de salud y desigualdades de poder.
En claves
La ENHOGAR-MICS 2025 puede construir una cadena de desigualdad sin presentar causalidades automáticas:
- El 23.7% de las jóvenes del quintil más pobre inició relaciones antes de los 15 años.
- Entre mujeres de 15 a 19 años con primaria o básica, 25.6% está casada o unida; en el quintil más pobre, 22.8% está actualmente casada o en unión.
- El 27.6% de mujeres de 20 a 24 años se casó o unió antes de los 18 años.
- La ENHOGAR-MICS vincula la reducción de fecundidad adolescente con acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, planificación familiar, información y educación.
Los datos permiten inferir que antes de que aparezca un embarazo adolescente, suele haber una desigualdad acumulada de información, escuela, autonomía y protección.
La desigualdad aparece antes de la adultez
La brecha es clara. Entre las mujeres jóvenes residentes en zonas rurales, 13.8% inició relaciones sexuales antes de los 15 años, por encima del promedio nacional de 12.2%. Pero los contrastes más fuertes aparecen por nivel educativo y condición económica: la cifra entre quienes solo alcanzaron primaria o básica es más de dos veces superior a la media nacional, mientras que en el quintil más pobre casi una de cada cuatro jóvenes reportó un inicio sexual temprano.
No se trata de afirmar que la pobreza “cause” por sí sola el inicio sexual antes de los 15 años, pues la realidad es más compleja. Lo que reflejan los datos es que la vulnerabilidad se acumula con mayor fuerza en los espacios donde las jóvenes tienen menos continuidad educativa, menor acceso a información confiable, menos posibilidades de acudir a servicios de salud sexual y reproductiva, y mayor exposición a relaciones con desequilibrios de edad, ingresos o autoridad.
La escuela ocupa un lugar decisivo en esa discusión. Una adolescente que abandona temprano las aulas pierde mucho más que contenidos académicos. Pierde espacios de orientación, redes de apoyo, posibilidades de detectar violencia y oportunidades de construir autonomía para decidir sobre su cuerpo, sus relaciones y su futuro.
El país suele hablar de embarazo adolescente cuando ya hay una consecuencia visible. Pero antes de esa etapa existen señales que merecen atención: falta de información, dificultad para acceder a anticonceptivos, relaciones desiguales, uniones tempranas y contextos familiares donde la adolescencia transcurre con poco acompañamiento institucional.
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El vínculo con uniones y maternidad tempranas
La propia ENHOGAR-MICS advierte que la edad de la primera relación sexual es uno de los factores relacionados con el embarazo adolescente y las uniones tempranas. Mientras más temprano ocurre el inicio sexual, mayor puede ser la posibilidad de un embarazo y de una trayectoria reproductiva más extensa.
El informe también muestra que el 27.6% de las mujeres de 20 a 24 años se casó o unió antes de cumplir 18 años. En Cibao Noroeste, la proporción sube a 38.6%, mientras que en Enriquillo alcanza 33%. Entre las adolescentes de 15 a 19 años con educación primaria o básica, 25.6% está actualmente casada o unida; entre las pertenecientes al quintil más pobre, la cifra es 22.8%.
Estos indicadores no deben mezclarse como si fueran idénticos. Iniciar relaciones sexuales antes de los 15 años, quedar embarazada, unirse temprano o enfrentar violencia son experiencias distintas. Pero pueden coexistir y reforzarse en entornos donde la protección es débil y las oportunidades escasas.
La respuesta pública tampoco puede limitarse a campañas ocasionales. La meta de salud sexual y reproductiva incluida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible plantea acceso universal a planificación familiar, información, educación y servicios adecuados.
La pregunta de fondo no es por qué algunas adolescentes “se adelantan”. La pregunta es por qué tantas jóvenes llegan a decisiones de enorme impacto con menos información, menos autonomía y menos protección que otras.














