Entre las tantas efemérides de triste recordación para los dominicanos tienen, sin duda, un lugar especial el huracán David, que se abatió sobre este país el 31 de agosto de 1979, hace 47 años, mientras que hace ya casi 96 años, el 3 de septiembre de 1930, el huracán de San Zenón devastó el territorio dominicano.
Según el investigador Orlando Inoa, los efectos de San Zenón fueron tales que “de las 10 mil construcciones que aproximadamente había en la ciudad apenas quedaron en pie poco más de 400 en el antiguo casco colonial”, en cambio David, que tocó tierra en Dominicana cuando el presidente Antonio Guzmán apenas cumplía el primer año de su mandato, dejó más de dos mil muertos (algunos elevan esa cifra a cuatro mil) y arrasó con la infraestructura productiva.
Traer al presente estas calamidades que dejaron un luctuoso recuerdo en los dominicanos es una manera de señalar los progresos que ha experimentado el país en materia de prevención, porque ante los avisos de huracanes ya no se reacciona a las consecuencias, sino que se realiza un trabajo de preparación previa que reduce la posibilidad de pérdidas humanas, sobre todo.
Sin embargo, no se trata solo de asombrarnos por el progreso presente mientras lamentamos las desdichas del pasado, porque si bien es cierto que la dirección de Meteorología ha sido elevada a la categoría de instituto, y también se cuenta propiamente con dos radares nuevos, la tarea de control y prevención ante estos desastres naturales debe ser constante.
Estamos en medio de otra temporada ciclónica, y si bien es cierto que hace mucho no tenemos fenómenos tan potentes como David, la única arma con la que contamos contra estos embates de la naturaleza es el estudio del clima y la preparación previa, vivimos en el trayecto de los huracanes y no debemos descuidarnos jamás.
fuenteelcaribe.com














