Los desastres naturales son acontecimientos impredecibles la mayoría de las veces, como los terremotos, las inundaciones a causa de lluvias abundantes, los tsunamis causados por temblores, los aludes y deslizamientos de tierra, entre otros.
Originalmente el Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales, establecido en 1989, se celebraría el segundo miércoles de octubre, pero en 2009 se denominó Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres porque según una dependencia de la ONU: “Los desastres no son naturales, sino el resultado de la falta de prevención y de planificación ante los fenómenos de la naturaleza”.
Lo cierto es que el cambio climático y el calentamiento global son causantes de fenómenos como el derretimiento de los polos y acentúan otros como la llamada corriente del niño y el de la niña, que sí provocan desastres.
Las estadísticas registran que en los últimos veinte años, más de un millón 350 mil personas, como mujeres y niñas, por ejemplo, han muerto por estar expuestas a amenazas naturales.
También se registran desplazamientos de 4,000 millones de personas sin hogar por causa de los desastres naturales y que han tenido que recibir ayuda de emergencia o de organismos multinacionales de socorro.
La primera manera de reducir los desastres naturales es la prevención, lo que implica evitar que se formen asentamientos en zonas inundables de ríos, arroyos y cañadas, o en laderas volcánicas, lo que no evita que poblaciones centenarias como las que habitan cerca del volcán Etna, en la provincia de Catania, Sicilia, lleven siglos bajo el riesgo de una erupción a gran escala.
Los organismos de la sociedad civil que vigilan el clima, por ejemplo, cumplen una invaluable labor preventiva y hay que hacerles caso siempre, en todo evento que pueda representar un riesgo para la población.
Otra forma de reducir los riesgos es contar siempre con un equipo de emergencia, linternas, vendajes, desinfectantes, analgésicos, ropas adecuadas listas para usarse, y estar preparados para prevenirse ante lo imprevisible.
Lo que se debe tener claro siempre es que generalmente los desastres no avisan, de ahí la necesidad de una preparación previa.













