El suicidio es siempre una decisión extrema tomada por una persona que atraviesa por situaciones límites como problemas de salud, desde enterarse padece de una enfermedad incurable hasta depresión, paranoia, esquizofrenia o pérdida de referentes que formaban parte de su cotidianidad.
Hay más de 700 mil suicidios cada año en el mundo, de ahí que se lo considera un grave problema de salud pública, porque tiene graves consecuencias para las familias y amistades del suicida, que suelen requerir de asistencia tras la trágica determinación de su familiar de quitarse la vida.
El Día Mundial de la Prevención del Suicidio, que se conmemora el 10 de septiembre de cada año, tiene como objetivo este año cambiar la narrativa sobre esta cuestión, de manera que tanto gobiernos y autoridades sanitarias, como también comunidades y organizaciones entablen conversaciones abiertas sobre el tema.
Se ha establecido que por cada suicidio que se publica en los medios ocurren otros tres en los días subsiguientes, por lo que se propone dar una cobertura adecuada a estas noticias, fomentar la consulta temprana a especialistas de la conducta en casos de adolescentes que presenten problemas de autoestima o de adaptación, inducirlos a desarrollar habilidades y destrezas y brindarles herramientas para que puedan mejorar sus formas de comunicarse.
Informes de la Organización Panamericana de la Salud dan cuenta de que desde 2025 en las Américas el suicidio ha aumentado, lo que debiera llamar la atención a las autoridades educativas, sanitarias y a todas las organizaciones eclesiales, clubes y la sociedad civil en general.
La aparición de las primeras señales, como mención del suicidio en charlas informales o estados de retraimiento duraderos, deben motivar la consulta de sicólogos, siquiatras o terapeutas, que sabrán detectar con herramientas adecuadas las causas de esos estados.
Las personas que manifiestan estas señales no deben permanecer solas, hay que escucharlas, tratar de que no tengan a mano elementos con los que puedan quitarse la vida, desde armas y herramientas cortantes hasta medicamentos o sustancias venenosas.
Una vida que se pierde por suicidio es motivo de angustia y de culpabilidad para las familias, y un trauma para toda la sociedad.
fuenteelcaribe.com














