Se trata de un concepto que desde el siglo pasado figura en las agendas de todos los países y de los organismos multilaterales, y que tiene que ver con que cada familia pueda decidir libremente el número de hijos que desea tener.
A nivel macroeconómico se relaciona con las políticas demográficas de cada país, que casi siempre se manejan en el marco de la salud pública y de las leyes que regulan la concepción. Para el Fondo de Población de las Naciones Unidas se trata de un derecho humano fundamental, cuyo día se celebra el 3 de agosto de cada año.
La cuestión nunca es simple; porque incluye en primer lugar la necesaria educación sexual de los jóvenes, la garantía del acceso a métodos anticonceptivos y la posibilidad de interrumpir un embarazo cuando el feto es inviable, cuando la mujer es víctima de violación o cuando el embarazo –deseado o no- pone en peligro la vida de la madre, algo que en nuestro país está negado por ley.
Según estadísticas recientes, alrededor de 259 millones de mujeres en todo el mundo que quieren evitar el embarazo no pueden acceder a métodos anticonceptivos por falta de información o de servicios sanitarios adecuados, por falta de apoyo de sus parejas o de sus comunidades, en lo que influyen también hábitos culturales y factores religiosos.
Los métodos anticonceptivos más comunes, como el preservativo o la píldora, no se usan por desconocimiento de las jovencitas sobre su propio cuerpo, debido a una falta de educación sexual que se niega casi siempre por razones religiosas, mientras que el método de ovulación o del ritmo, aceptado por las iglesias, tampoco es conocido por la mayoría de las parejas ni por las adolescentes, lo que resulta en embarazos precoces que dañan para siempre el futuro de las chicas.
Al tratarse de un derecho humano los estados debieran garantizar que las familias puedan planificar el número de hijos, lo que ya hacen las parejas que tienen estudios superiores y más conocimientos, mientras que en los sectores vulnerables y con menos educación se multiplican los nacimientos, lo que equivale a multiplicar la pobreza.













