La fotografía de Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska es histórica y podría marcar el punto de partida para conversaciones más amplias que lleven a un nuevo estadio las relaciones de Washington y Moscú.
Esta cita, que abarcó temas comerciales y económicos, ha provocado infinidad de opiniones contradictorias, pero no hay manera de restarle importancia al ser los presidentes de los países que poseen el mayor arsenal nuclear y porque cambia la retórica del “infantilismo bélico” en la política mundial y da posibilidad a la diplomacia que recompone en lugar de agrandar divisiones.
Que Estados Unidos y Rusia pongan sobre la mesa los tratados de control de armas nucleares y la revisión del que expira en febrero de 2026, es buen síntoma porque abona el terreno para que ganen cuerpo y terreno las posiciones de los que trabajan por la paz.
Una paz que para algunas mentes unilaterales se circunscribe a Ucrania, y que convenientemente callan y atizan otras guerras igual de injustas.
Por eso, identificarse de manera sincera con el clamor de que llegue la paz a Ucrania significa estrechar filas junto al Santo Padre León XIV que exige poner fin también a la “barbarie de la guerra” en Gaza, y expresa solidaridad con los pueblos de Yemen y Medio Oriente.
El papa, al abogar por la paz, es el único liderazgo mundial que se yergue por encima de las pasiones, sin sesgos ni hipocresía, diferente a los que, de un lado, dicen estar a favor de la paz y, del otro, aceleran el apoyo militar y aumentan sus presupuestos bélicos.
Elevamos preces para que se iluminen las mentes de quienes tienen el poder de acallar las armas y terminar de inmediato con esa “guerra insensata”, como definió el papa Francisco la de Ucrania.
Insensata por desigual y abusiva, y porque ese territorio se tomó prestado para rejuegos geopolíticos y fuente de grandes negocios, en especial de la industria armamentista.
Hay que poner distancia de las naciones que juegan al conflicto y lo agitan para priorizar sus propios intereses, mientras los ucranianos son los que sufren.

fuenteelcaribe.com














