El debate no fue tan encendido como en otros años, pero acólitos y personeros del Gobierno han criticado a Leonel Fernández por distribuir cajas con productos de la época navideña a personas pobres y envejecientes, lo que estiman poco digno, en comparación con la entrega, mediante depósito bancario, de una tarjeta con un valor de RD$1,500.
La tradicional caja fue una práctica instituida por Balaguer, a la que dieron continuidad los gobiernos del PLD, con la única diferencia de que el presidente Danilo Medina no se involucraba personalmente en el reparto. Incluso, por lo bajo, gente del PRM no se sustrae de ese tipo de regalos.
La esencia de la discusión de cajas versus tarjetas, es que los defensores de estas últimas alegan que esa modalidad no es indignante, si se compara con el supuesto desorden que provoca la entrega de cajas, que obliga a las personas a pugnar en largas filas.
Pero, como hemos opinado en ocasiones anteriores cuando ha surgido el tema, quizá con la confrontación se desvíe el enfoque de lo que es esencial, y es que una y otra modalidad son asistencialistas.
Que se entregue alimento para una noche o se regale un juguete a niños por un día, igual que donar dinero vía una tarjeta para un fin específico y limitado, no pasan de ser gestos que en nada contribuyen a disminuir la pobreza en nuestro país.
Tanto tarjetas como cajas tienen pro y contra, virtudes y defectos, según lo que argumentan sus defensores, pero ambas modalidades coinciden en un punto: son políticas populistas.
Las dos reivindican la cultura de la dádiva, algo consustancial a todos los partidos en República Dominicana, en el poder o en la oposición.
Criticar una forma o defender otra es obviar que hacen honor al clientelismo político, que tiene acostumbradas a las grandes masas al “dao”, mentalidad difícil de cambiar y que por el contrario es alimentada en cada oportunidad.
El mayor daño que propician, lo más negativo de ambos métodos, es que no humanizan ni empoderan debido a que llegan en paracaídas desde afuera y tampoco involucran a la gente ni a sus comunidades.
fuenteelcaribe.com














