Por Témpora Morel
La noticia que corre en el norte de Haití no es un rumor cualquiera. Las bandas armadas que ya controlan Puerto Príncipe están extendiendo su terror hacia Juana Méndez, Cabo Haitiano y toda la franja norte, justo frente a Dajabón, Montecristi y Pedernales.
Si eso ocurre, la seguridad nacional dominicana entra en una fase de alto riesgo. Y frente a eso, no hay espacio para la tibieza.
El Presidente Luis Abinader debe ordenar, sin más demora, el cierre definitivo de la frontera y la suspensión temporal de los mercados fronterizos. No es un capricho, es un acto de protección de la Patria.
No podemos seguir desafiando el peligro con la frontera porosa, con los pueblos fronterizos desbordados por una migración irregular que ya no podemos controlar, y con el riesgo de que entre los migrantes se cuelen miembros de esas estructuras criminales que hoy aterrorizan Haití.
Cerrar la frontera no es odio, es prudencia. Suspender el mercado no es castigo al comerciante, es poner la seguridad por encima del negocio. Primero la vida, después el comercio.
Y debemos recordar nuestra historia, porque el que olvida su historia está condenado a repetirla.
Recordemos antes de 1805, cuando la matanza ordenada por Dessalines intentó borrar a los habitantes de esta parte de la isla. Recordemos el 27 de Febrero de 1844, cuando con sangre y sacrificio dijimos que somos dominicanos y no haitianos. Recordemos 1856 en Sabana Larga y Cambronal, cuando de nuevo tuvimos que defender a fusilazos lo que somos.
Hoy no nos enfrentamos a un ejército formal, nos enfrentamos a un Estado colapsado y a bandas que son un ejército irregular. El peligro es el mismo: la pérdida de nuestra soberanía.
El gobierno ha hecho esfuerzos con la verja, con más soldados, pero la verja sin decisión política no sirve. Una frontera abierta por donde pasa todo el mundo es una invitación al caos.
La Patria no se negocia. La Patria se defiende.
Que se cierre la frontera, que se suspendan los mercados hasta que haya garantías reales, que se refuerce la presencia militar en toda la línea noroeste, y que la comunidad internacional entienda de una vez que República Dominicana no puede cargar sola con la crisis haitiana.
Somos un país de paz, pero no somos un país tonto.
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