La paternidad es un hecho biológico que multiplica la vida, una manera de perpetuar la especie, según la ciencia, pero es también, para el ser humano que ostenta el carácter de racional y por lo tanto el eslabón superior en la escala de la creación, una misión autoimpuesta que tiene que ver con custodiar, proteger y acompañar el desarrollo de la vida que engendra.
Como figura de autoridad en el esquema familiar, los padres moldean la familia y sus decisiones influyen en la dinámica social.
Las sociedades evolucionan y la nuestra se suma a ese proceso vital, lo que genera nuevas conductas, nuevas prácticas y nuevas costumbres, de ahí que ya nadie se asombra cuando ve a un joven que acompaña a sus hijos a la escuela y se queda con ellos hasta que suena el timbre de entrada, o cuando es el papá quien lleva a los niños a la consulta médica, incluso al salón de belleza a las hijas adolescentes cuando la madre no puede ocuparse de esa cuestión.
Las relaciones padre-hijo pasan por etapas, de la dependencia infantil al choque generacional en la adolescencia, cuando los jovencitos piensan que no necesitan que una autoridad les diga lo que tienen que hacer, a qué hora tienen que volver o incluso decirles si pueden salir o no.
El padre al que festejamos este domingo es al que siempre está presente, el que enseña a andar en la primera bicicleta, el que arregla los juguetes rotos, el que asiste a los actos escolares para ver a su hijo o hija en el escenario, el que aconseja y acompaña y orienta.
El que escucha para comprender desde temprana edad lo que pasa por la cabecita de su hijo, el que se preocupa por enseñarle que no todo se puede comprar, pero ofrece alternativas, el que transmite conocimientos de su oficio, el que aconseja en los primeros romances.
Ese padre presente aunque ya se haya marchado a la eternidad, es el que merece el más cálido de los abrazos y el mejor regalo. Feliz Día para todos los padres de nuestro país.














