“Es una vergüenza que el Congreso no haya conocido el Código Laboral”, dijo Gabriel del Río, presidente de la Confederación Autónoma Sindical Clasista, pero hubo muchas otras legislaciones para avergonzarse de la desidia congresual, y burlas, como a las 71 diputadas y cuatro senadores que en octubre de 2025 anunciaron 18 proyectos para reducir los feminicidios y filicidios y que llamaron “Déjalas ir”, que perimieron porque nunca les dieron salida.
La legislatura concluida el pasado viernes tuvo peculiaridades históricas que hablan muy mal del desempeño de nuestros congresistas.
Solo fue aprobada una sola de la Agenda Priorizada, “Alertas RD”, mientras que piezas trascendentes, algunas prometidas desde 2021, perimieron o deberán reintroducirse, como el propio Código Laboral de la vergüenza, la reforma a la Ley de Seguridad Social, ley de agua, el nuevo sistema educativo en lugar de fusión Mescyt-Minerd, ley de trata, ley para regular empresas públicas, la modificación a la Ley de Migración, nueva Ley de Telecomunicaciones, el Código Civil, el recorte de fondos a partidos y la reforma policial, leyes de ciberseguridad, y la de revalorización de inmuebles.
Todos proyectos fundamentales para modernizar el marco legal e institucional del Estado, pero en cambio nuestros legisladores en los últimos cuatro meses ocuparon la mayor parte de su tiempo en lo que interesaba exclusivamente al Ejecutivo.
En algunas ocasiones primaron la desfachatez y precipitación, lo que pone en tela de juicio la calidad con que se toman las decisiones en el Congreso, cómo y qué se negocia, y cómo se construyen los consensos.
Si alguna otra vez anterior estuvo bajo escrutinio el mal manejo congresual, la primera legislatura ordinaria de 2026 ha batido récords.
Otro agravante es que con su urgencia los legisladores han evitado todo tipo de debates y estropearon procesos de diálogo sobre reformas que impactan a toda la sociedad.
No creemos que la próxima legislatura que comienza el 16 de agosto corregirá tantos entuertos, pero la advertencia está hecha.
Son alegres transgresiones a las reglas del juego, comportamiento peligroso que podría llevar a la falta de democracia y de transparencia y quizás sea antesala para instalar la intolerancia como norma.
fuenteelcaribe.com














