Repentinamente, por el doloroso episodio de la muerte del joven Darlin Mercado Reyes, en el sector Guajimía de Herrera, y su repercusión mediática, la sociedad cae en la cuenta de que la tan cacareada reforma policial está engavetada en el Congreso Nacional y a punto de perimir.
Pero lo de esa ley no es un caso aislado. Es el sello distintivo de los actuales legisladores, que prácticamente renuncian a conocer proyectos claves de la agenda legislativa prioritaria para atender urgencias del Ejecutivo.
No es un señalamiento fortuito el que hacemos. De todas las leyes identificadas como importantes al inicio de la presente legislatura, solo ha sido aprobada una, la denominada “Alertas RD”, mientras que piezas trascendentes como la propia reforma policial, el Código Laboral, la ley del agua y el Código Civil han estado fuera de agenda.
En los últimos cuatro meses nuestros honorables legisladores ocuparon parte de su tiempo solo en lo que interesaba al Gobierno.
Mientras, aguardan su turno piezas prometidas para esta legislatura que finaliza el 26 de julio como la de alimentación y nutrición escolar, de ciberseguridad, la de revalorización de inmuebles; también la modificación de la Ley Electoral, sobre salud mental, de debates electorales y la que crea las garantías recíprocas.
Esta reprobable dejadez se torna más dañina porque con su urgencia los legisladores estropean largos procesos de diálogos alrededor de reformas que impactan a toda la sociedad y también evitan debates, verbigracia, dos ejemplos al canto, el plan anticrisis y la Ley de Residuos Sólidos.
Ojalá que este comportamiento de los legisladores, de mayoría oficialista, no sepulte la siempre imprescindible y necesaria discusión que involucre a todas las partes interesadas, y que no entremos, paulatinamente, al terreno del irrespeto a las reglas del juego establecidas.
Tampoco quisiéramos pensar que en materia congresual se caiga a partir de ahora en la falta de democracia y de transparencia, antesala para que se abran las compuertas de la intolerancia, lo que jamás debiera ser la norma.














