El Congreso estadounidense, tras una reñida votación en el Senado y en la Cámara de Representantes, aprobó el polémico proyecto de ley de impuestos y gastos de Donald Trump, que aquí se comentó mayormente por el gravamen del 1% a cada remesa enviada al exterior.
Incluso, ese impuesto a las remesas que regirá desde el 31 de diciembre de 2025 no necesariamente es lo más preocupante, pues su finalidad es verificar el estatus del remitente y que salga de cuentas de una institución financiera norteamericana, por lo que habrá que esperar cómo impactaría el plan fiscal en la economía norteamericana.
Quizá lo que más nos afectará de esa “ley grande y hermosa” son sus duras restricciones para los migrantes, lo que se combina con que a partir de agosto más de 500 mil haitianos acogidos por el TPS (Estatus de Protección Temporal) tendrán que empezar a abandonar ese país.
En septiembre el haitiano que no haya salido voluntariamente de EE.UU. es pasible de ser deportado, lo que se verá facilitado porque la “ley grande y hermosa” destina a lo migratorio el mayor gasto del Gobierno en las agencias de seguridad (Inmigración recibirá ocho veces más que todo el presupuesto del FBI y 13 veces más que la DEA).
Igualmente debe preocupar la pretensión de nuestro principal socio comercial y presuntamente gran aliado en prácticamente todo, especialmente en la lucha contra las drogas, de eliminar la ciudadanía por nacimiento, consagrada en la Enmienda 14 de su Constitución hace más de un siglo. Además de la altamente criminal y absurda amenaza de que EE.UU. podría negar la ciudadanía a los bebés nacidos de mujeres que residen irregularmente en el país.
Por ahí anda el peligro. ¿Imaginan a medio millón de haitianos obligados a retornar a su país desde agosto? Y con la frontera estadounidense herméticamente cerrada porque la ley “grande y hermosa” implica un gasto de casi US$170.000 millones en cuatro años para sumar 20,000 nuevos agentes de migración, construir nuevos centros de detención para migrantes e invertir en tecnologías de vigilancia, incluida la inteligencia artificial.
No es subestimar el impuesto del 1% a las remesas. Es que la “linda” trampa que nos tienden EE.UU. y Donald Trump con su “hermosa” ley radica en lo migratorio, además del “bellísimo y cálido” 10 por ciento de aranceles.
fuenteelcaribe.com














