Había que aplaudir, porque no quedaba de otra, que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara el despliegue en Haití de una Fuerza de Eliminación de Pandillas con hasta 5,550 efectivos. Pero los aplausos disminuyeron inmediatamente cuando se supo que sería un aporte voluntario de los estados, los que también facilitarían motu proprio los recursos.
En efecto, fue algo casi simbólico, que tenía la lógica de que la salida a la crisis haitiana pasaba primero por la eliminación de las bandas, en un Haití que parece tierra de nadie con una profunda crisis política-económica-social que apunta hacia un peligroso vacío de poder en medio de una situación de violencia generalizada.
Parece olvidado el componente político-institucional, porque en escasamente 14 días, acorde con el cronograma de transición, se deberán celebrar elecciones generales y el CPT (Consejo Presidencial de Transición), entregar el poder a nuevas autoridades el 7 de febrero de 2026, lo que no precisa de ninguna enjundia concluir en que nada de eso sucederá.
Pero la crisis haitiana es en todos los órdenes, que incluye las condiciones sanitarias, lo que obliga al gobierno dominicano a prestar atención al nuevo brote de cólera con más de 2,500 casos y 17 muertes confirmadas hasta septiembre pasado.
Hasta el momento Salud Pública de República Dominicana dice estar vigilante y que mantiene la aplicación de los protocolos establecidos, además de acciones de autoridades de provincias fronterizas, pero quizá amerite una intervención más enérgica.
Tenemos la experiencia de 2022 cuando un brote de cólera en Haití dejó alrededor de 700 muertes, y nos obligó a controles estrictos, que incluyeron que los haitianos que entraban a los mercados binacionales se lavaran las manos con agua clorada y se impidió el ingreso de alimentos cocidos.
Esa vez se instalaron espacios adecuados para el depósito de excretas, con agua y jabón para el lavado de manos, y fueron involucradas las alcaldías.
La población dominicana en general tiene poco conocimiento del cólera, por lo que se necesitan campañas intensivas de concienciación en escuelas y colegios para fomentar la prevención porque prevenir siempre ha de ser mejor que lamentar.
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