República Dominicana sigue siendo una pieza clave en el engranaje internacional del tráfico de cocaína. Aunque las incautaciones bajaron en 2025 respecto al año anterior, el país mantiene su posición como uno de los principales corredores del Caribe para el traslado de esa sustancia hacia Estados Unidos y Europa, según un informe publicado por InsightCrime.
Las autoridades dominicanas decomisaron cerca de 19,6 toneladas de cocaína en 2025, una caída frente al récord de 37,7 toneladas alcanzado en 2024. La cifra coincide con las proporcionadas por la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) en diciembre de 2025.
Sin embargo, apunta el informe, esta disminución no refleja una reducción del tráfico, sino un ajuste en las rutas y métodos utilizados por las organizaciones criminales.
En claves

- República Dominicana sigue siendo punto clave del tránsito ilegal de cocaína, según InsightCrime
- Incautaciones bajaron en 2025, pero no el flujo de droga.
- El país conecta rutas hacia EE.UU. y Europa.
- Nuevos métodos dificultan la detección, apunta el informe.
- El Caribe gana peso en el tráfico global.
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Caída en incautaciones no implica menos tráfico
La reducción de las incautaciones de cocaína en República Dominicana durante 2025 no debe interpretarse como una disminución del tráfico. Por el contrario, los datos sugieren un reacomodo estratégico de las redes criminales, que han ajustado rutas, métodos y tiempos para evadir los controles.
En términos comparativos, el país pasó de 17,9 toneladas incautadas en 2023 a un pico histórico de 37,7 toneladas en 2024, para luego descender a 19,6 toneladas en 2025. Esta variación no refleja una tendencia lineal, sino un comportamiento típico de mercados ilícitos altamente adaptativos, donde los decomisos dependen más de la presión operativa del Estado que del volumen real en circulación.
Cuando las autoridades intensifican la vigilancia -como ocurrió en 2024 con operativos de alto impacto-, se incrementan las incautaciones. Sin embargo, esa misma presión obliga a las organizaciones a modificar sus rutas, fragmentar cargamentos o utilizar métodos más sofisticados, lo que reduce temporalmente los decomisos sin que necesariamente disminuya el flujo total de droga.
En el caso dominicano, esta dinámica es aún más evidente por su condición de país de tránsito. La cocaína que ingresa desde Suramérica no está destinada al consumo local, sino a mercados internacionales. Por ello, los traficantes tienen incentivos para minimizar riesgos en el territorio, desviando rutas hacia otros puntos del Caribe o utilizando vías menos vigiladas.
A esto se suma la diversificación logística: el uso de contenedores contaminados, embarcaciones pequeñas, vuelos privados e incluso narcosubmarinos permite distribuir el riesgo y dificultar la detección. El resultado es un sistema más disperso, donde menos incautaciones pueden coexistir con un volumen igual o incluso mayor de tráfico.
En síntesis, la caída registrada en 2025 no es una señal de victoria, sino una evidencia de adaptación. El narcotráfico no se reduce: se transforma.
punto estratégico en el Caribe
La ubicación geográfica del país lo convierte en un puente natural entre Suramérica y los grandes mercados de consumo. La cocaína suele llegar desde Colombia y Venezuela en embarcaciones pequeñas, aprovechando la cercanía marítima y la fragmentación del Caribe insular.
Desde territorio dominicano, los cargamentos son redistribuidos mediante contenedores marítimos, aviones privados y, en algunos casos, narcosubmarinos. Este abanico logístico permite a los traficantes diversificar riesgos y evadir controles cada vez más sofisticados.
El comportamiento de las incautaciones también evidencia cómo las rutas cambian en función de la presión de las autoridades. Cuando aumenta la vigilancia en un punto, el flujo se desplaza hacia otros corredores, manteniendo constante el volumen global del negocio.
Un negocio que se adapta
El caso dominicano no puede analizarse de forma aislada. En toda América Latina y el Caribe, aproximadamente la mitad de los países registraron aumentos en incautaciones, mientras otros reportaron caídas, confirmando un mercado en plena transformación.
Además, el crecimiento del consumo en Europa y la expansión hacia Asia y Oceanía están impulsando nuevas rutas que atraviesan el Atlántico y el Pacífico. Esto incrementa la presión sobre países de tránsito como República Dominicana, que se convierten en nodos logísticos dentro de una red global cada vez más compleja.
En este contexto, las incautaciones deben interpretarse como indicadores parciales. Lejos de debilitar el narcotráfico, evidencian su capacidad de adaptación y su evolución constante frente a los esfuerzos de interdicción.













