El proceso de transformación de la Policía Nacional que en persona ha liderado el presidente Luis Abinader recibió nuestro apoyo entusiasta, casi sin reservas, al punto de considerar como “hechos aislados” algunos episodios que cuestionan el logro de avances.
Ante excesos policiales y prácticas nocivas, nos hemos comportado tolerantes y hasta justificamos que en todo conglomerado humano masivo, como la policía, existen desviaciones, pero decíamos que la sociedad puede confiar en que los agentes correctos son la mayoría.
Es de justos reconocer que la policía actual no es la misma que otrora era vista solamente como parte de los organismos represivos. En su seno hubo muchos cambios positivos, por lo que al ponderarla no ayudaría generalizar el comportamiento negativo de algunos miembros.
Dicho esto, lo que sintetiza nuestro respaldo al proceso de reforma policial, “vendido” y que “compramos” como un plan integral, no como parches, confesamos nuestras dudas ante la reedición cada vez más frecuente de consuetudinarias malas prácticas.
La muerte en la ciudad de Santiago a manos de la policía de cinco hombres y las dificultades para explicar lo ocurrido, así como los recurrentes “intercambios de disparos” y el regreso de la expresión “ejecuciones extrajudiciales”, más las denuncias de arbitrariedades, enturbian el proceso y la narrativa acerca de la reforma policial.
Existe el aliciente por la voluntad del primer mandatario, muy determinado a ejecutar la reforma y encaminarla a un punto sin retorno, aunque es de ilusos pensar que esa transformación vaya a ser obra de un solo hombre.
Seguiremos alineados con los que aspiran a una policía en la que no perviva el esquema de los excesos ni el agente reactivo desvinculado de la ciudadanía. Una policía más civil y menos militar, que proteja la vida y bienes y respete de manera escrupulosa los derechos humanos.
Seguiremos confiados en el proceso de reforma policial, aunque dudemos por casos como el de Santiago y las irregularidades mencionadas; lo vemos como una oportunidad histórica para arribar a una real transformación institucional, legal, operativa y funcional de la llamada institución del orden público.
fuenteelcaribe.com














