Revestida de un detalle inédito, porque hasta ayer ninguno de sus predecesores lo había hecho, el papa León XIV asistió a la presentación de su primera encíclica, Magnifica Humanitas, centrada en el auge de la inteligencia artificial, y para más originalidad en esa ceremonia en el Vaticano, fue invitado Christopher Olah, cofundador de Anthropic, compañía que desarrolla la IA “Claude”.
La escena estaba exactamente preparada para que el sumo pontífice cargara contra el dominio de la IA y denunciara su deshumanización con un llamado a “desarmar” esta tecnología e “impedir que domine a la humanidad”.
El documento de 130 páginas reclama que la tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos y propone un código ético sobre la IA que la someta a criterios de justicia social compartida, que la sustraigan de la lógica competitiva en lo militar, en lo económico y en lo cognitivo; es decir, sustraerla de los monopolios y centrarla en la persona, no en el beneficio.
El texto pone el epicentro en la defensa de la dignidad humana y reivindica cuestiones éticas y doctrinales sobre las que la iglesia deberá pastorear a su feligresía para que la tecnología sirva al ser humano, en lugar de servirse del hombre como un componente numérico.
La encíclica no se queda en la superficie y explora lo que llama “nuevas formas de esclavitud” cuando “en algunas regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas en la trituración de los materiales de los que se obtienen las tierras raras”.
Al poner al ser humano y sus necesidades vitales por encima de todo, se expresa contra las consecuencias nefastas que provocaría que la IA reemplace al hombre no solo en las actividades normales, sino en la toma de decisiones sobre vidas humanas y resalta que la IA no puede considerarse como si fuese moralmente neutra.
Estamos ante un llamado a la conciencia de toda la humanidad acerca del peligro que representa para el mundo actual que la Inteligencia Artificial esté en manos de unos pocos, que solo priorizan sus intereses económicos por encima del futuro de todos.














