Un estudio sobre el impacto económico de las suspensiones de docencia realizado por Acción Empresarial por la Educación (Educa) junto a otras entidades, arroja cifras alarmantes: 1,384 horas de clases perdidas, con 61 días lectivos.
Estas suspensiones impactaron en 7,921 centros públicos y semioficiales en las 18 regionales, y la estimación económica establece que cada día de docencia suspendida representa un costo aproximado de 883 millones de pesos en valor educativo no impartido, lo que sitúa el impacto acumulado del período en RD$4,471 millones.
El Monitor del Impacto Económico de la Suspensión de Clases elaborado por Educa en unión del Foro Socioeducativo, la Federación Padres, Madres, Amigos y Tutores de la Escuela (APMAE) y Fe y Alegría, identifica varias causas de la pérdida de docencia, que abarcan fenómenos atmosféricos y las condiciones de infraestructura escolar, por lo que llama la atención que la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) se sienta aludida y lo rechace, sin tomarse el tiempo necesario para ponderarlo, y que introduzca un argumento extraño para su descalificación, porque entidades privadas, afirma, intentan erigirse en árbitros de la educación pública.
El estudio resulta generoso para la ADP al atribuir solo 25 % de la pérdida de docencia por sus protestas, por lo que quizá su actitud debiera ser la de interpretarlo como un instrumento para que se superen fallas.
Incluso consideramos positiva, y como oportunidad para avanzar, que la presentación de los resultados del monitoreo haya coincidido con la publicación de la sentencia TC/0428/26 del Tribunal Constitucional que ordena el cese y abstención de convocar o ejecutar paralizaciones de docencia en horario lectivo, en perjuicio del estudiantado.
Quizá haya llegado la hora de que garantizar el calendario docente amerite acciones de otro tipo, compulsivas si fuese necesario, para garantizar el sagrado derecho a la educación.
La educación es el alma de los pueblos, la herramienta que construye su identidad y su cultura, la base de su formación tecnológica y su progreso económico, algo que el gremio de los maestros y todos los sectores de la vida nacional debieran asumir como un compromiso ineludible con el país y su futuro.
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