La importancia de los árboles para la vida cobra mayor significación en estos tiempos del calentamiento global, porque desempeñan funciones vitales para el desarrollo del ser humano desde el principio de su aparición sobre la Tierra.
Aunque el decreto 2944 que instituía el Día Nacional del Árbol el primer domingo de mayo, emitido por el presidente títere Héctor Bienvenido Trujillo fue eliminado posteriormente, la costumbre de celebrarlo el 5 de mayo se mantiene.
Los árboles fueron posiblemente la primera “fábrica” de la que los hombres primitivos se aprovisionaron de frutos, de leña, de luz para alumbrarse, de madera para sus viviendas y de armas para defenderse, y a medida que descubrieron todo lo que pueden brindar muchas especies, resultaron verdaderos “supermercados” de la naturaleza.
Las primeras ruedas fueron de madera, como las primeras herramientas elaboradas, pero además, los árboles son filtros naturales que oxigenan el paisaje durante el día, son ecosistemas para la supervivencia de aves e insectos, protegen del calor, conservan la humedad del suelo y las especies maderables aportan otros miles de beneficios, inclusive el papel, los aceites vegetales y el caucho, por ejemplo.
Lamentablemente, como parte del medio ambiente, están expuestos a la depredación humana, ya sea por el avance de las ciudades que se “comen” muchas superficies boscosas, como también por la tala indiscriminada, que arrasa enormes superficies y las convierte en páramos.
A ello hay que sumarle el calentamiento global, que provoca prolongadas sequías que matan bosques enteros, lo que resulta en un verdadero atentado contra la vida.
En nuestro país son varias las empresas que, como parte de su responsabilidad social corporativa, organizan jornadas de reforestación, esto es, escogen un área determinada y siembran miles de plantines que, con el tiempo, terminan por convertirse en bosques, lo cual es una loable iniciativa que merece el apoyo de toda la sociedad.
La mejor manera de festejar el día del árbol es sembrarlos donde sea posible y adecuado hacerlo, y cuidar nuestras especies endémicas, porque además de brindar sombra y cobijo, embellecen el paisaje que nos distingue ante el mundo.
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