Aprender a escribir, interpretar las palabras de un texto, es una necesidad vital y hasta un derecho humano que, sin embargo, a muchas personas les está vedado por su situación de pobreza extrema, porque no tienen escuelas cercanas y porque a veces su situación de indigencia les obliga a trabajar en lo que sea para ganarse el sustento diario.
El Día Internacional de la Alfabetización, que se celebra el 8 de septiembre, este año con el lema “Alfabetización para las personas, el planeta y la prosperidad”, tiene como objetivo evaluar cómo ha evolucionado la tasa de alfabetización en los países miembros con miras a la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Desde hace algunos años se introdujo también el concepto de alfabetización digital, que implica evaluar las destrezas mínimas en el manejo de herramientas digitales y tecnologías como las computadoras, tabletas y teléfonos celulares.
El analfabetismo es una de las formas más extremas y deplorables de la pobreza, porque niega a quienes lo padecen la posibilidad de enterarse de lo que pasa en el mundo y hasta en sus alrededores, impide que puedan comunicarse a través de una carta o de un mensaje, los torna propensos a ser engañados de múltiples formas y los convierte en parias de una sociedad con la que no llegan a comunicarse totalmente.
Un niño que no puede leer un libro es privado de aprender nociones rudimentarias de cómo funciona el organismo humano, tampoco puede hacer cálculos mínimos y mucho menos disfrutar del mundo de fantasía que encierran los clásicos de aventuras, ni asomarse siquiera a las más elevadas formas del arte que perviven en la literatura.
Los analfabetos tampoco pueden enriquecer su vocabulario ni aprender medianamente bien otro idioma, y en el caso de los analfabetos funcionales, esto es, personas que saben leer pero no pueden entender lo que leen, el problema es casi idéntico.
Promover la alfabetización, enseñar a leer y escribir a las personas que no saben, debiera ser un compromiso asumido con seriedad por las autoridades, así como una obligación de todos los que aspiramos a vivir en un país mejor.
fuenteelcaribe.com














