El reporte del Comité Nacional de Emergencias (COE), con los resultados de la fase de su operativo de Nochebuena y Navidad, repite dos hechos infaltables cada año: las motocicletas en la mayor cantidad de accidentes viales y menores de edad intoxicados por bebidas alcohólicas.
Esto último tiene graves implicaciones sociales y familiares, pero lamentablemente solo alcanza para una acción limitada que se circunscribe al momento y a cierto aparataje del Ministerio Público, cuyas consecuencias se diluyen al paso de los días.
El boletín del COE con el resumen de la jornada menciona que 13 menores, de entre tres y 17 años, resultaron intoxicados por alcohol, cuyos padres, si hubiera voluntad, podrían ser ubicados fácilmente porque la información se extrae de reportes del Servicio Nacional de Salud.
Por experiencia damos por sentado que habrá quejas y denuncias y que algún departamento del Ministerio Público se activará y prometerá actuar, pero muy pronto se olvidará y el tema resurgirá dentro de pocos días en la segunda fase del operativo por el Año Nuevo.
Con los motociclistas ni hablar. Esta vez de un total de 118 accidentes viales, en 94 estuvieron involucradas motocicletas, lo que equivale a un 79.6 %, porcentaje similar en cuanto a muertes. De 11 personas reportadas como fallecidas en el lapso, seis eran motoristas, equivalente a un 54.5 %.
Es un eterno y repetido lamento que deja la sensación de que las autoridades están solo para, sin mayores consecuencias, ofrecer cifras trágicas en colisiones viales.
De una vez y por todas debiera existir más control, identificación y regularización del parque de motocicletas, también asociadas a hechos delictivos.
Este informe del operativo del COE por Nochebuena y Navidad, como acontece también en Semana Santa, nos dice qué poco se ha cambiado respecto a accidentes y muertes en motocicletas y la ingesta de alcohol en menores de edad.
Falta la segunda fase del operativo por Año Nuevo, cuando el jolgorio y la movilización es mayor y las cifras negativas tienden a crecer, por lo que aconsejamos no tirar la casa por la ventana, sino más bien festejar con prudencia y mesura, y priorizar el entorno familiar para esta celebración.
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