El 29 de mayo de 1948 se inició la primera misión de paz de la ONU en el primer conflicto entre árabes e israelíes, por lo que esta fecha fue escogida para celebrar el Día Internacional del Personal de Paz de Naciones Unidas, también conocido como cascos azules, cuya misión es intervenir para zanjar o detener enfrentamientos armados, acciones en las que más de 4,200 trabajadores de paz del organismo perdieron la vida desde ese año.
Mientras la ONU se encamina a ser un ente burocrático trasnacional, sin poder de decisión y con poca o nula relevancia en el ámbito internacional, una pregunta que surge de los análisis es si los llamados cascos azules sirven para algo.
Sin duda que desde su creación esta fuerza de paz ha desarrollado un trabajo encomiable de asistencia a poblaciones bajo fuego enemigo, también como personal de rescate de grupos humanos en territorio invadido, pero en los últimos años sus actuaciones se han visto empañadas por acusaciones de abusos.
Cabe citar también su actuación en el sur del Líbano, donde la “Línea Azul” establecida nunca fue un límite para Israel, que jamás la respetó, y la Minustah en Haití, de donde se marcharon para dejar un país en peor estado del que lo encontraron. Respecto a su actuación en África los datos son francamente negativos.
Por lo demás, la estructura de la ONU, además de burocratizada y desfasada, no incluye a África en el Consejo de Seguridad, lo cual es un desequilibrio, aunque no se deben menospreciar los esfuerzos del actual secretario general, António Guterres, que ha lanzado la iniciativa ONU80, con la que busca reforzar el multilateralismo y el papel de la ONU para responder a los desafíos del mundo actual.
Mientras tanto, las potencias centrales priorizan sus intereses geopolíticos, invaden y bombardean países sin preocuparse de las condenas de la ONU, y los conflictos localizados en territorios como Oriente Medio, regiones de África y Ucrania, continúan escalando en un mundo donde la guerra es el gran negocio de unos pocos y la paz solo una intención de la historia, mientras la ONU languidece.














