Se considera refugiado a todas las personas, de cualquier sexo y edad, obligadas a abandonar sus hogares, sus tierras o sus países de origen debido a un conflicto armado, una catástrofe natural o por persecuciones políticas o de cualquier índole que puedan poner en peligro su vida.
En el continente americano hasta 18,1 millones de personas sufren desplazamiento forzado, siendo Venezuela el de mayor cantidad con 7,2 millones de personas, según los datos del reciente informe global de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Colombia es el principal país de acogida de estas personas, con 7,99 millones de refugiados y desplazados en sus territorios (muchos de ellos desplazados internos, pero también 2,8 millones de refugiados venezolanos).
El 20 de junio de cada año se celebra el Día Mundial del Refugiado, instituido por la ONU en 2001, en conmemoración de los cincuenta años del establecimiento del Estatuto del Refugiado en 1951.
Entre los refugiados figuran los solicitantes de asilo, los desplazados y los apátridas, personas que carecen de documentos y tampoco tienen la posibilidad de solicitarlos en sus países de origen debido a situaciones de guerra, desorden institucional o persecución política.
Como cada país tiene el derecho soberano de decidir a quién acepta en su territorio y a quién no, existen casos en los que no pueden acogerse a la categoría de refugiados los condenados por delitos comunes, o que representen un peligro para el país que los acoge, como casos de criminalidad, violencia, narcotráfico o pertenencia a grupos del crimen organizado.
Los refugiados, una vez aceptado su estatus, tienen derecho a trabajar, a no ser retornados a la misma situación de la que huyeron, a no ser castigados por entrar ilegalmente a un territorio cuando lo hicieron para escapar de la violencia o de la muerte, a vivir una vida libre de persecuciones y presiones, entre otras garantías.
Una forma de ayudarlos es hacer un donativo a cualquier organización de ayuda, apoyar a los jóvenes refugiados para que estudien, ayudar a que se amplíen las voces que los defienden.
La historia de la humanidad se ha nutrido de migraciones y desplazamientos forzosos de seres humanos, de ahí que ser humano con los refugiados es un deber moral y de conciencia.
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