El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha demostrado un compromiso con el trabajo solidario en favor de la niñez vulnerable de nuestro país, dejando huellas positivas en nuestra sociedad.
Sería ocioso tratar de resumir en un escrito la tarea de Unicef porque la mayoría de las personas medianamente informadas conocen su labor de apoyo a la educación, promoción de la salud, prevención de las muertes neonatales, del matrimonio infantil y el embarazo adolescente, entre otros objetivos que siempre parecen demasiado ambiciosos, sobre todo en países como el nuestro, donde los pobres acumulan años de postergaciones y privaciones de todo tipo.
La importancia de organismos como Unicef marcan la pauta de lo que debiera hacerse y actuar en consecuencia, mientras en la otra orilla hay gente que le cuesta al país miles de millones en recursos, sin que se obtengan frutos tangibles a favor de la salud, la educación y otras actividades destinadas a la infancia.
Ante otras realidades como las uniones tempranas y el embarazo en adolescentes, se habla demasiado y lo que se hace nunca es suficiente.
El accionar de Unicef en el país puede contabilizarse en resultados medibles, como la Convención Universal de los Derechos que se ratificó en 1991, las leyes 14-94 y 136-03, que crean y fortalecen el Código de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes y la tan anhelada y esperada prohibición del matrimonio infantil en 2021.
Pero el aporte más importante de este organismo es que considera a los infantes como sujetos de derecho, personas que deben ser tenidas en cuenta a la hora de legislar y establecer políticas públicas.
Esta semana que se cumplen 73 años del Acuerdo entre Unicef y República Dominicana, tenemos que expresar ¡gracias Unicef! por garantizar derechos y ampliar oportunidades a la niñez y la adolescencia en el país; gracias por su apoyo para poderles ofrecer el mejor presente y un promisorio futuro a nuestros niños y niñas, y para que puedan desarrollar todo su potencial.
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