“El Derecho Internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para limitar a los poderosos”, dijo el lunes a elCaribe el abogado experto en negociación Nelson Espinal Báez, momento en que aún no había sesionado el Consejo de Seguridad de la ONU para discutir la situación en Venezuela, lo que hizo el martes, cuando la mayoría de los participantes reivindicaron ese derecho y la necesidad de que no pierdan vigencia entre los estados las obligaciones recogidas en la Carta de Naciones Unidas.
De ese concierto mayoritario en la ONU renegaron contados países, pero resultó reconfortante la resistencia a que con acciones conscientes no se sustituya la diplomacia ni se atente contra la paz.
En el respeto escrupuloso del orden internacional no puede haber medias tintas ni contaminación de un principio básico: prohibición de la fuerza, salvo contadas excepciones, porque la permisividad descompone el sistema.
Incluso, algunos sostienen que esa descomposición está a la vista por hechos que en muchos lugares descalabran el Estado de derecho, lo que podría conducir directamente a desmantelar el orden internacional.
Como expone juiciosamente Espinal Báez, celebrar la caída de un dictador es comprensible desde el plano moral. “Nadie siente compasión por un tirano. El régimen de Maduro es políticamente indefendible”, afirma para, inmediatamente, sentenciar que el verdadero problema es el precedente cuando el uso de la fuerza se normaliza y, sin reglas claras, cambiar gobiernos.
En ese mismo sentido se expresó el papa cuando el domingo, en referencia a Venezuela, reclamó: “Garantizar la soberanía del país, asegurar el Estado de derecho inscrito en la Constitución, respetar los derechos humanos y civiles de todos y cada uno”.
Eso no tiene término medio ni está sujeto a debates, a no ser que se apueste a una lógica absurda y peligrosa: la fuerza para lograr la paz, desconocer el Derecho Internacional con el cuestionable argumento de “ataques preventivos” a otros estados dizque para que el mundo sea más seguro.
Saludamos a todos los países que se han aferrado al Derecho Internacional y a la defensa de los valores consagrados en la Carta de Naciones Unidas.














