Los pueblos suelen escribir su historia principalmente con el registro de sus logros, quizá como una forma de sobreponerse a sus derrotas y a sus frustraciones.
No es de extrañar entonces que la alegría de un triunfo deportivo se convierta en un hito que, por una vez, hermana a todos los dominicanos, y acaso sirva para tomar conciencia de lo poderosa que suele ser la unidad detrás de un objetivo que nos identifica a todos.
Los dominicanos debemos estar hoy más que satisfechos por el excelente desempeño que tuvo el país en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, júbilo por partida múltiple, que empieza por el lugar en el medallero, por lo que la primera y especial felicitación es para nuestros atletas en todas las disciplinas, por su dedicación y perseverancia.
Con cada una de sus victorias vibró el fervor patriótico, y no desperdiciaron oportunidad para demostrar lo mucho que vale ser dominicanos para ellos, y también lo mucho que aman a su pueblo y a su gente.
Medalla de oro también, y es por lo que el júbilo se multiplica, para el equipo organizador que nos prometió unos juegos que harían historia, y cumplieron, como igualmente lo hicieron las autoridades, sin cuya voluntad y disposición no hubiera sido posible.
Los recursos económicos estuvieron completos, lo que es poco común, lo mismo que inusualmente la entrega de las instalaciones se hizo con tiempo, y todas con calidad profesional, lo que trae a colación el desafío de mantenerlas en las condiciones para las que fueron edificadas.
La historia es que se dejan deteriorar, pero consuela que los organizadores de los juegos pretenden ensayar una nueva modalidad de apadrinamiento, que estén al cuidado de entidades y personas con solvencia y avaladas por la sociedad.
Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe perdurarán como excelentes competencias, como las mejores, y mucho más porque el pueblo las asumió como algo suyo, que le pertenece, un sentimiento de lo “dominicano”, una carga espiritual que no se puede entender fuera del país porque se trata de un conjunto de inquietudes y emociones que son expresión del “alma nacional”.














