Cuando una ley creó el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), que sustituye a la Oficina Nacional de Meteorología (Onamet), se hicieron sentir muchos plácemes.
Se había producido un anhelado y postergado salto gigante porque al pasar de Oficina a Instituto, el diseño y ejecución de la política meteorológica y climática del país estarían manejados por una entidad autónoma y descentralizada, provista de personalidad jurídica, con autonomía administrativa, financiera y técnica.
También porque como organismo especializado garantiza la contratación de personal capacitado y bien remunerado y adquisición de tecnologías de vanguardia.
Con este ascenso de categoría, el Indomet tendría mayor capacidad para desarrollar el componente de investigación de los fenómenos meteorológicos y sus efectos en República Dominicana, como también podrá analizar los archivos y la data que reposan en esa institución.
Se suponía que esa ley traería consigo más conocimiento y una mayor capacidad de prevención y resiliencia ante los fenómenos hidrometeorológicos.
Pero qué va… el Instituto es simple teoría legal como su operatividad es la de una Oficina con varias agravantes, la primera es que a falta del Reglamento de Aplicación es más de lo mismo y, lo que es peor, no hay cabeza visible, confirmada y empoderada y, sorprendentemente, humores personales contaminan la fluidez y los ritmos del intercambio COE-Meteorología.
Las lluvias del pasado miércoles atestiguan esa ausencia de fluidez, por lo que quizá sea el momento de corregir entuertos alrededor del Indomet, porque de por medio están fenómenos, como los efectos del cambio climático y sus proyecciones futuras que no son muy alentadoras.
Desde elCaribe habíamos saludado la creación del Indomet como un acto de significativa trascendencia, debido a que fue un clamor en el que hemos acompañado a expertos meteorológicos en su persistente reclamo de mejor equipamiento, para que la preparación pasara de ser una reacción circunstancial a una rutina que nutriera todos los protocolos ante desastres naturales.
Sería una lástima que el Indomet, por la ausencia de un reglamento que lleva un largo retraso, pase a dormir el sueño de los justos como institución, porque tiene demasiadas tareas pendientes en la prevención de fenómenos climáticos cada vez más peligrosos.
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