Existe una creencia popular que dicta que la fortuna es caprichosa y aleatoria. Sin embargo, si observamos con detenimiento el transcurrir de las vidas de quienes actúan desde el egoísmo, la malicia o la maldad—lo que comúnmente llamamos “CHANCLETUSE»
Notaremos un patrón constante: su camino tiende a ir de mal en peor.
¿Es esto un castigo místico o hay una lógica psicológica detrás de esta falta de suerte?
El imán de la negatividad
La «suerte» no es solo un evento fortuito; a menudo es el resultado de estar en el lugar correcto, con la actitud adecuada. Los individuos sombríos suelen carecer de tres pilares fundamentales que atraen la prosperidad:
De mal en peor: El círculo vicioso
Cuando una persona no posee luz en sus intenciones, sus éxitos suelen ser efímeros.
Pueden obtener una ganancia rápida mediante el engaño, pero el costo a largo plazo es el aislamiento y la paranoia.
Esta degradación no siempre es económica; es, ante todo, emocional y social. Un corazón negro se vuelve experto en autosabotearse: lo que ganan con astucia, lo pierden por falta de carácter o por la enemistad que siembran a su paso. Mientras que una persona de buen corazón encuentra aliados en las crisis, el individuo sombrío se encuentra con puertas cerradas y rostros de indiferencia.
La importancia de la siembra
La vida funciona bajo una ley de correspondencia muy simple: cosechas lo que siembras. La luz atrae luz: La gratitud, la empatía y la honestidad actúan como catalizadores de situaciones favorables.
• La sombra atrae sombra: El engaño y la amargura solo pueden engendrar caos y soledad.
A largo plazo, la «mala suerte» de los CHANCLETUSE no es más que el peso acumulado de sus propias acciones. El universo no conspira contra ellos; simplemente, ellos han dejado de caminar en sintonía con la armonía necesaria para que la fortuna florezca.
Por: Edward Pérez.
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