El 24 de octubre se celebra el Día Internacional contra el Cambio Climático, para alertar al mundo sobre los efectos nocivos y devastadores de este desastre en el planeta.
Esta efeméride no ha sido proclamada oficialmente por la ONU, aunque sí la apoya porque persigue el número 13 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que es Acción por el Clima.
El cambio climático es la variación global del clima y la temperatura del planeta, generada a largo plazo por causas naturales, una definición que encierra consecuencias devastadoras para la supervivencia de la especie humana.
En el último siglo la contaminación ha acelerado este proceso a una velocidad alarmante, con la emisión de los gases de efecto invernadero generados por la quema de combustibles fósiles, el uso del suelo, el uso de la energía, la tala indiscriminada y las actividades industriales.
Estos gases ocasionan un incremento de las temperaturas, lo que genera el calentamiento global, causante del cambio climático que se puede resumir en el incremento de las temperaturas medias, aumento del nivel del mar, derretimiento de los polos, más sequías, incendios, escasez de agua e inundaciones.
Algunas acciones para contrarrestar este fenómeno, que alarma a los ecologistas y los ambientalistas, son la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático: Este instrumento firmado 1992, en el marco de la Cumbre para la Tierra, ratificada por 197 países, el Protocolo de Kyoto, que pretende fortalecer la respuesta mundial frente al cambio climático, firmado por 192 países, el Acuerdo de París, firmado en 2015 con el compromiso de mantener la temperatura mundial por debajo de los 2°C respecto a los niveles preindustriales y limitar el aumento de la temperatura a 1.5°C.
Todos estos acuerdos están vigentes, pero las grandes potencias, responsables de la mayor parte del problema, los apoyan pero no aportan los fondos prometidos para contrarrestarlo ni modifican su forma de explotar los recursos naturales, y mantienen el petróleo como el combustible más importante.
Lo que la gente de a pie puede hacer es reciclar todo lo que pueda reciclarse, usar cajas de cartón para las compras, comprar electrodomésticos de bajo consumo, usar menos el automóvil, plantar árboles y no quemar basura.
Si estas acciones en pequeña escala se multiplicaran, servirían para que tengamos ciudades más limpias y saludables y ayudarían a mantener la esperanza de vida del planeta.
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