Brazilian Rare Earths Ltd., respaldada por la australiana Gina Rinehart, logró recaudar 78 millones de dólares en una oferta de acciones, informó Bloomberg. El capital busca acelerar el desarrollo del proyecto Rocha da Rocha, ubicado en el estado de Bahía, al noreste de Brasil, una de las regiones con mayores reservas de estos minerales en el planeta.

Las acciones de la compañía subieron hasta un 12% en Sídney tras la reapertura del mercado. Según Bloomberg, la empresa emitió 25,6 millones de acciones a 4,68 dólares australianos, lo que representa un descuento del 6,4 % respecto a su cotización previa, con el objetivo de financiar una refinería integrada de separación de tierras raras en Camaçari.

El interés de Estados Unidos: ¿una herencia de la era Trump?
Según The New York Times, durante los últimos años de la presidencia de Donald Trump, Washington y Brasilia sostuvieron conversaciones discretas para asegurar el acceso estadounidense a las reservas brasileñas. El objetivo: reducir la dependencia de China, que controla cerca del 90% del suministro mundial de tierras raras.
Sin embargo, la situación cambió cuando Trump impuso aranceles del 50% a Brasil, en un intento por beneficiar políticamente a su aliado Jair Bolsonaro. Poco después, el presidente brasileño denunció las medidas como una amenaza a la soberanía nacional, enfriando las negociaciones bilaterales.

Aun así, las conversaciones dejaron huella: Estados Unidos había insinuado que el acceso a los minerales estratégicos debería incluirse en las negociaciones comerciales. Aunque el actual gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva busca una mayor independencia, el interés estadounidense persiste, impulsado por el Pentágono y empresas privadas.

Brasil frente al dominio chino
El New York Times estima que Brasil posee entre el 19% y el 23% de las reservas mundiales de tierras raras, un grupo de 17 elementos esenciales para fabricar vehículos eléctricos, drones, turbinas eólicas, misiles y aviones de combate.
Mientras China alberga el 40% de los yacimientos y controla casi toda la cadena de procesamiento, Brasil emerge como su rival más prometedor. Sus depósitos podrían alterar el equilibrio geopolítico del mercado, aunque su capacidad de refinamiento todavía es limitada.
China, que en 2010 cortó el suministro a Japón y actualmente restringe exportaciones a EE. UU., sigue siendo el actor dominante. Ante ese escenario, Washington ha invertido millones de dólares en MP Materials, con sede en Las Vegas, convirtiéndose en su mayor accionista.
A pesar del enfriamiento con Washington, Brasil no se detiene. Con apoyo de una empresa española de cartografía y una alianza público-privada que involucra a más de 20 instituciones y grupos internacionales, el país avanza hacia la creación de una cadena de valor propia.
El objetivo es claro: convertirse en una potencia mundial en la extracción y procesamiento de tierras raras, sin depender de Estados Unidos ni de China. Si lo logra, Brasil podría redefinir el mapa global de los recursos críticos del siglo XXI.














